jueves, 4 de junio de 2009

¡Qué buena suerte! Me han reventado la maleta

Sí, yo sonreí, cuando apareció mi maleta al final de la cinta transportadora, y me percaté de que traía importantes secuelas del viaje.

Ya había pasado otra por delante mío que venía abollada en la parte superior, quizás por haber aguantado el peso de otras 30 encima suyo. Pero la mía tenía toda una esquina hundida, de un fuerte golpe o de haber caído de una gran altura...

El golpe había sido tan fuerte, que no sólo su carcasa rígida había cedido hacia adentro, si no que se apreciaba una grieta en ella.


Yo sonreía porque mi maleta ya no debería haber hecho este viaje. Hace tiempo que, después de volcar con el asa extendido, éste último se partió en varios pedazos, y ella recorría el mundo con un remiendo a basa de celofán que le daba una imagen bastante lamentable. Mi pereza hizo que no buscase substituta antes de este viaje, por lo que volvió a visitar el desierto conmigo. Última vez.

Sabía que volando con Qatar Airways tenía asegurada la indemnización, así que me dirigí al mostrador de reclamaciones de equipajes, y encontré a la responsable para esta aerolínea. Sin poner muchas pegas, me redactó una reclamación.

Volví a sonreír cuando me preguntó por la antigüedad de la víctima, y el coste de compra original. Alegué un año y unos cien euros... mientras tenía en mi cabeza la estantería del Carrefour donde la conocí y ese fantástico precio de 50 euros para una maleta rígida.

Me dieron una dirección de una tienda de Madrid en la que me la repararían o la sustituirían por otra... no tengo que explicar cuál era mi objetivo.

Dicho y hecho. Ningún problema. Ya tengo a mi nueva compañera de viaje conmigo... Veremos lo que me aguanta...

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